Este 2025, Estilo Moda celebró su décima edición, y con ella, una década de darle a Honduras un espacio donde la moda no solo se muestra, sino que se reconoce como industria, como cultura y como arte. Más allá de la producción —que este año incluyó un juego visual de pantallas, luces y un buen sonido — lo que me marcó fue ver cómo, este evento pone los ojos del público en el diseño nacional.
El montaje de esta edición elevó el show: una pantalla suspendida sobre la pasarela mejoró la iluminación, la calidad visual y la experiencia del espectador. Eso permitió que cada colección se apreciara en detalle y que el registro audiovisual —para quienes documentamos la moda— alcanzara un nuevo nivel.

En cuanto a propuestas, noté una constante: tonos suaves, pasteles y neutros, transparencias y siluetas minimalistas dominaron la pasarela. No es casualidad. La moda, como reflejo de su tiempo, responde a épocas de crisis con esencialidad y recursos más contenidos. Pero lejos de ser una limitación, este minimalismo dio lugar a colecciones donde la técnica, el concepto y la capacidad narrativa de cada diseñador se hicieron más visibles.
Más allá de los looks, lo que me deja Estilo Moda 2025 es una sensación de emoción y motivación. Escuchando a modelos, estudiantes, fotógrafos, maquillistas y diseñadores, confirmé que hay una generación entera dispuesta a hacer crecer esta industria. Y eso es lo que quiero resaltar en este análisis: las colecciones que, desde mi punto de vista, mostraron con mayor fuerza lo que hoy significa hacer moda en Honduras.
Roberto Ramírez: la arquitectura hecha vestido
Roberto Ramírez reafirmó por qué lo considero el maestro de la arquitectura textil en Honduras. Su colección, construida principalmente en organza, jugó con volúmenes y transparencias que daban a cada prenda un carácter escultórico.
Los vestidos de cóctel en blanco dominaron la propuesta femenina, con siluetas que realzaban el cuerpo de manera precisa. Para los hombres, presentó piezas de loungewear relajadas, cómodas y fluidas, una elección que aportó frescura y modernidad.
Lo que distingue a Ramírez es que sus colecciones no se quedan en la espectacularidad: son usables, habitan la vida real sin perder complejidad. Una vez más, dejó claro por qué su nombre es sinónimo de construcción impecable y diseño con visión.

Yoyo Barrientos: resiliencia en clave de yute
Yoyo Barrientos nunca teme experimentar, y este año lo hizo con un material inesperado: el yute. Con él construyó corsets, vestidos, blazers y bolsos, combinados con telas convencionales. La colección fue un homenaje a la resiliencia y al trabajo de los productores de café en Honduras, elevando un material áspero a un nivel sofisticado.
El resultado fue una propuesta poderosa: sastrería precisa, colores que transmitían fuerza y presencia, y looks que quedarán en la memoria. Entre mis favoritos: el vestido rojo llevado por Woldi Durón, el traje de terciopelo rojo que cerró el desfile y un traje negro con alas bordadas en el frente, un gesto poético y contundente.

María Mírame: un verano eterno en estampados
En su segunda participación en Estilo Moda, María Mírame consolidó lo que la distingue: estampados únicos diseñados para contar historias culturales. Inspirada en la idea de un “verano eterno”, la colección nos llevó por un viaje visual a través de Honduras.
Los estampados azules evocaban los mares, mientras que otras piezas jugaban con textos impresos en tonos monocromáticos, integrados de forma armónica en el diseño. La colección transmitió frescura, alegría y esa personalidad que la mujer contemporánea busca en sus prendas.

Galeano: la elegancia consciente
Galeano presentó Help, una colección que se convirtió en un statement sobre el consumo consciente. Con piezas de archivo intervenidas para darles nueva vida, la firma reafirmó su liderazgo en sastrería con un giro fresco y responsable.
Cada traje estaba trabajado con bordados hechos a mano que añadían personalidad y balance visual. La propuesta nunca se sintió sobrecargada, sino perfectamente equilibrada. Además, esta es la segunda colección bajo la co-dirección creativa de Nadia Galeano, quien le ha aportado a la marca una frescura irreverente, arriesgando con materiales y estampados poco convencionales.

Tirso Rubio: flores prensadas, historias vivas
Tirso Rubio presentó Prensar Flores, una colección inspirada en la tradición de los botánicos que preservaban flores entre páginas. La colaboración con Converse aportó un aire juvenil y urbano, con cada look complementado por zapatillas de la marca.
Lo que distingue a Tirso es su capacidad de conceptualizar. Cada pieza cuenta una historia y tiene un espíritu que trasciende la pasarela. Desde su debut inspirado en la cultura cowboy hasta esta edición, su sello es claro: ropa con frescura, identidad y narrativa propia.

Lawin Paz: la estética del mercado
Lawin Paz demostró estar en el momento ideal para catapultar su carrera. Inspirado en la estética de los mercados hondureños, presentó una colección relajada, orgánica y perfectamente ordenada.
Sus piezas femeninas mantuvieron la vibra de feminidad empoderada que caracteriza a su marca, mientras que la propuesta masculina sorprendió con solidez. Entre mis favoritos, un look llevado por Juan Cole: una camisa con bordados frontales, técnica que ya es firma de Lawin.
El aplauso que recibió durante el desfile fue prueba de que ha encontrado su identidad y su público. Hoy, más que nunca, se nota su evolución y madurez como diseñador.

Sandra Noguera: bajo el mar
Sandra Noguera nos sumergió en un viaje submarino con una colección inspirada en los corales. Su paleta pastel —con toques de naranja, aqua, rojo y coral— dio vida a siluetas delicadas y femeninas.
Lo más destacable fue el trabajo en mangas y drapeados: estructuras que realzaban los hombros y jugaban con la silueta, creando ilusión de volumen sin perder elegancia. Fue una colección delicada, elegante y con presencia, que consolidó a Sandra como una creadora con lenguaje propio.

Estilo Moda como plataforma
Más allá de las colecciones, lo que me deja esta edición es la confirmación de que plataformas como Estilo Moda son indispensables. Hoy más que nunca, la moda hondureña necesita espacios donde diseñadores, modelos, maquillistas, fotógrafos y estudiantes puedan mostrar, documentar y profesionalizar su trabajo.
No se trata solo de quién vistió qué diseñador, sino de dar voz a los talentos, reconocerlos y construir una industria cultural sólida. Estilo Moda no es un fin en sí mismo: es un medio para que la moda hondureña sea tomada en serio dentro y fuera del país.
Diez años después, Estilo Moda no es solo un desfile: es un espejo de lo que Honduras puede soñar y crear. Esta edición me recordó que la moda, en su mejor versión, no es un lujo aislado: es identidad, es comunidad y es futuro.






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