No fui yo quien eligió el hotel.
Esta vez fue mi familia.
Querían algo en la montaña para el fin de semana, un lugar para relajarse, desconectarse y, en mi caso, también trabajar con calma. Así fue como terminé en Cotan Ecolodge, un hotel de cabañas en La Esperanza, Intibucá, rodeado de pinos y con un clima que obliga a sacar abrigo.
Fui sin expectativas, que a veces es la mejor forma de llegar a un lugar. No lo busqué yo, no lo tenía guardado en Tiktok, no había visto reviews. Y sin embargo, conecté. No tanto por lo evidente, sino por los pequeños detalles.

Lo primero que noté fue lo bien distribuido del espacio. Cada cabaña está realmente separada de la otra, con su propio porche, su fogata, su silencio. No escuchás a otros huéspedes, no compartís paredes ni pasillos, y eso para mí ya es ganancia. No soy exigente con los hoteles, pero sí tengo mis manías: necesito privacidad, algo de estética y, sobre todo, una sensación de espacio propio.
Ahí encontré todo eso.
La cabaña era cómoda, hecha con madera fina, con luz natural entrando por las ventanas, buen baño, buena cama, buena conexión a internet (sí, muy buena conexión, cada cabaña tiene su propia red). Desde el porche podía sentarme a trabajar o simplemente fumar un cigarro viendo el bosque. Sentís que estás lejos, sin estar tan lejos.



Una de las actividades del hotel es salir a recolectar fresas en sus propios cultivos. Fue algo que me llamo mucho la atención. No porque sea una experiencia mística ni nada, sino porque no es común encontrar algo así. En La Esperanza se cultivan muchas fresas gracias a la geografía y el clima, y en Cotan podés vivirlo de forma simple y real. Vas, cortás las tuyas, te las comés ahí o te las llevás.
Ese tipo de cosas son muy llamativas. Experiencias que no están disfrazadas de marketing.



El hotel tiene su propio restaurante, El Huerto. Comida típica hondureña, bien hecha, sin pretensión. Es el tipo de comida que necesitás cuando estás en un entorno así. Nada sobreproducido, solo buen sabor y platos que completan la experiencia.
Yo solo me quedé una noche. Fue suficiente para conocerlo, descansar y retomar. No necesitaba más. Este es un lugar donde podés desconectarte, trabajar en paz, respirar aire de bosque y recordar que no todo tiene que ser tan complicado. A veces una noche es todo lo que uno necesita para alejarse de todo y volver a uno mismo.







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